Jens, un ETPero del grupo de Corea, me echa la bronca porque no toco el blog desde hace casi dos meses. Él puede leer el mío y yo nada del suyo (tiene la mala costumbre de escribir en su lengua materna, el alemán), a pesar de que sigo pisándolo cada vez que Google Reader me avisa que se lo curra más que yo. No es el único que me reprende, por otro lado. En fin, tras un periodo tan largo cualquier excusa es mala, así que me las guardo. Pero aunque suene a fórmula, no me he olvidado de nadie. De nadie.
Han pasado cosas. Las mayoría de las no relacionadas con el programa académico, son buenas…
Nacho y Olga se pasaron poraqui hace ya una semanita o dos, ya no sé. Yo llegué hace casi 4 meses, con ropa para el frío del polo. Ahora, con 28 grados de media y una humedad barcelonina, las camisetas y pijama de verano que me trajeron son de agradecer :-*

Me voy de boda, a la japonesa. No, no es la mía. Tetsu y Marie se casan. Durante el primer mes no tenía muy claro si estaban juntos, hasta el día que dijeron que pasaban por la iglesia (o más bien, por el templo). Todavía he de verles dándose un pico…
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Lo bueno: boda Shinto por todo lo alto, en Meiji Jingu: la crem-de-la-crem de los templos en Japón, sumergido en el bosque de Yoyogi, dedicado al emperador Meiji (el que abrió Japón al mundo en 1852, tras la época de los samurai).
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Lo no tan bueno: en la bodas japos toca apoquinar como en todas partes.
En agosto.
Entretanto he ido al sumo y a un partido de béisbol con los archirivales de Waseda, la universidad de Keio.
Si quitamos los combates de los peleles, de 9 de la mañana a 3 de la tarde, el sumo es la polla (esos no están mal pero se eternizan un pelín). De tres a seis luchan los supercampeones, los cuáles se regalan mucho más que los primeros con el paripé de poner el dohyo perdido de sal, darse palmadas en la panza, levantar la pierna MUY arriba y mirar con cara de malo al rikishi contrincante.

Es curioso ver que, en general, los supercampeones están gordos, pero sin michelines que se plieguen y replieguen sobre sí mismos, y con unos pedazo músculos como palmeras que se asoman bajo la piel cuando se tensan para el combate; los peleles, en cambio, están gordos y punto, alguno incluso con más tetas que la más pintada, en tamaño y número.


El deporte universitario en Japón llena estadios que en España no cubren los de 2A, así que el béisbol estaba hasta los topes. Por otro lado, a mí que me perdonen, pero no es el deporte más apasionante, sobretodo si estás en la otra punta del estadio y lo único de lo que puedes disfrutar es el ejército de animadoras de Waseda (que bueno… buenas, muchas no lo están, pero graciosas dando botes lo son un rato :-P). No sé quién está familiarizado con el estilo Oendan japonés, pero quizás alguien lo recuerde de Oliver y Benji: un líder, tío, vestido a lo Mao Tse-tung, y con cara de enfadado, hace señales aeronáuticas mientras las niñas brincan a su alrededor al estilo americano. Muy pintoresco…




Mi japo sigue siendo patético, las clases de bisnes son un auténtico dolor y es una pena que todavía no me haya podido meter en un grupo de japos con los que compartir algo más que una tacita de saque. Pero Tokyo es una ciudad genial, la comida es barata y Vane, Isa, Gijs y Ramune son muy majos. Por ahora, todavía me encanta estar aquí
Más fotos de lo mismo, donde siempre